Violencia contra personas LGBT+ en México: qué sabemos sobre los crímenes de odio
Durante años se repitió que México era el segundo país del mundo con más crímenes por homofobia, solo después de Brasil.
La frase era contundente, fácil de convertir en titular y difícil de comprobar.
No existe un sistema mundial uniforme que permita ordenar a los países como si todos registraran los homicidios de la misma manera. Tampoco existe en México un registro oficial nacional que identifique sistemáticamente cuáles asesinatos estuvieron relacionados con la orientación sexual, identidad o expresión de género de las víctimas. Las cifras disponibles dependen en gran medida del trabajo de organizaciones civiles, activistas, familiares y periodistas.
Por eso, afirmar hoy que México ocupa un lugar preciso en un ranking mundial no es metodológicamente sostenible.
Eso no reduce la gravedad del problema.
La vuelve más inquietante:
Sabemos que la violencia existe, que afecta de manera desproporcionada a determinadas poblaciones y que muchos casos nunca son registrados o investigados desde el prejuicio que pudo motivarlos.
Lo que sabemos de 2025
El informe más reciente de Letra S, publicado en mayo de 2026, documentó al menos 60 personas LGBT+ asesinadas durante 2025 por motivos presuntamente relacionados con su orientación sexual, identidad o expresión de género.
La organización registró:
- 35 mujeres trans;
- 19 hombres gays u homosexuales;
- una mujer lesbiana;
- un hombre bisexual;
- una persona muxe;
- otros casos cuya identidad o relación con la población LGBT+ no pudo establecerse completamente.
Las mujeres trans representaron 58.3 % de los casos documentados y los hombres gays, 31.6 %.
El informe registró 206 homicidios de personas LGBT+ durante el periodo 2023–2025. La cifra de 2025 fue inferior a la de años anteriores y muy distante del máximo de 117 casos documentados en 2019.
Pero la propia organización advierte que esa aparente disminución debe interpretarse con cautela. La falta de registros oficiales, el acceso limitado a carpetas de investigación y la dependencia de notas periodísticas impiden asegurar que todos los casos hayan sido localizados.
Sesenta no significa necesariamente que solo ocurrieron sesenta.
Significa que al menos sesenta pudieron documentarse.
No aparecer en un registro no significa estar a salvo
Los homicidios documentados en 2025 ocurrieron en al menos 17 entidades.
Puebla encabezó el registro con siete casos. Veracruz y Guanajuato tuvieron seis cada una; Baja California y Jalisco, cinco. Esas cinco entidades concentraron cerca de la mitad de los casos identificados.
Pero esto no permite concluir que las demás entidades sean más seguras.
Un caso puede quedar fuera porque:
- la prensa local no informó sobre él;
- la orientación o identidad de la víctima fue ocultada;
- la familia pidió silencio;
- las autoridades no investigaron el posible prejuicio;
- el medio utilizó un nombre o género incorrecto;
- la muerte fue presentada como robo, riña o “crimen pasional”;
- nadie relacionó públicamente a la víctima con la población LGBT+.
El propio informe señala que la ausencia de casos registrados en un estado puede reflejar falta de cobertura o identificación, no ausencia de violencia.
¿Qué es la violencia por prejuicio?
Una persona LGBT+ puede ser víctima de un delito por muchas razones que no guardan relación con su orientación sexual o identidad de género.
No todo robo, agresión u homicidio de una persona LGBT+ es automáticamente un crimen de odio.
La violencia por prejuicio aparece cuando el agresor selecciona, castiga, humilla o ataca a la víctima por aquello que representa o porque la percibe como integrante de un grupo rechazado.
Puede estar dirigida contra:
- un hombre por ser gay o parecerlo;
- una mujer por ser lesbiana;
- una persona por ser bisexual;
- una mujer u hombre trans;
- una persona no binaria;
- alguien cuya expresión no corresponde con las expectativas tradicionales de masculinidad o feminidad;
- una persona heterosexual atacada por ser percibida como LGBT+;
- familiares, parejas, activistas o defensores vinculados con la diversidad sexual.
El prejuicio no siempre se expresa con una confesión explícita del agresor.
Puede aparecer en el contexto, las amenazas anteriores, los insultos utilizados, la selección de la víctima, la manera de ejercer la violencia, la exposición del cuerpo, los mensajes dejados en la escena o los antecedentes de hostigamiento.
La saña no prueba por sí sola el odio, pero no puede ignorarse
En algunos asesinatos de personas LGBT+ aparecen múltiples heridas, tortura, ataduras, violencia sexual, mutilaciones o participación de varios agresores.
El informe de Letra S identificó múltiples formas de violencia en algunos de los casos de 2025 y señaló que en al menos 21 participaron dos o más agresores. También documentó el uso predominante de armas de fuego, seguido por armas blancas.
La brutalidad por sí sola no demuestra jurídicamente el móvil.
Pero tampoco debe reducirse a una anécdota.
Cuando existen signos de violencia excesiva, mensajes humillantes, agresiones sexuales, mutilación de características corporales o exposición deliberada del cadáver, la investigación debe preguntarse qué significado tuvo esa violencia.
Cerrar desde el principio la posibilidad del prejuicio puede borrar la razón por la que la víctima fue elegida.
Mujeres trans: la violencia más visible y menos reconocida
Las mujeres trans concentraron más de la mitad de los homicidios documentados en 2025.
Letra S registró 35 asesinatos de mujeres trans. En varios casos los cuerpos fueron encontrados en vías públicas o en lugares de trabajo, incluidas estéticas y bares. El arma de fuego fue el medio predominante en sus asesinatos.
La exposición al riesgo no deriva de la identidad trans por sí misma.
Se construye mediante factores que pueden acumularse:
- rechazo familiar;
- exclusión escolar;
- falta de documentos adecuados;
- discriminación laboral;
- precariedad;
- trabajo nocturno o sexual;
- violencia policial;
- obstáculos en servicios de salud;
- viviendas inestables;
- discursos públicos de odio.
No todas las mujeres trans viven esas condiciones, pero quienes enfrentan varias simultáneamente quedan más expuestas a la violencia y con menos recursos para denunciarla.
En 2025, de acuerdo con el registro de Letra S, prácticamente no se aplicaron líneas de investigación con perspectiva de género en los asesinatos de mujeres trans. El contraste es importante: en 2024 varios casos habían sido investigados como feminicidios o mediante protocolos de género y diversidad.
Hombres gays: violencia dentro de espacios aparentemente seguros
En 2025 se documentaron 19 asesinatos de hombres gays, la misma cifra registrada en 2024.
En nueve casos, los cuerpos fueron encontrados en el domicilio de las víctimas. Las armas blancas continuaron apareciendo con frecuencia, aunque aumentó el uso de armas de fuego.
El hogar puede convertirse en escenario de riesgo cuando el agresor obtiene acceso mediante:
- una aplicación;
- una red social;
- una cita;
- un encuentro sexual;
- una relación afectiva;
- una invitación aparentemente consensuada.
Que la víctima haya abierto la puerta no convierte el crimen en su responsabilidad.
Tampoco demuestra que se trate simplemente de un “encuentro que salió mal”.
La investigación debe distinguir entre robo, violencia de pareja, crimen organizado, agresión sexual y violencia motivada por prejuicio, sin descartar prematuramente ninguna línea.
El problema del “crimen pasional”
Durante décadas, los asesinatos de personas gays y trans fueron explicados como “crímenes pasionales”.
La expresión servía para presentar la violencia como resultado inevitable de celos, excesos sexuales, relaciones turbulentas o supuestos estilos de vida de la víctima.
En 2025, Letra S no identificó referencias al “crimen pasional” en las líneas de investigación comunicadas por fiscalías o medios. Es una mejora respecto de prácticas anteriores, pero no significa que los prejuicios institucionales hayan desaparecido.
Un conflicto de pareja puede existir.
También puede existir robo, violencia sexual o una disputa.
El problema aparece cuando la autoridad utiliza la vida íntima de la víctima para dejar de investigar:
- por qué fue seleccionada;
- si hubo amenazas homofóbicas o transfóbicas;
- si existieron otros ataques similares;
- si el agresor buscaba deliberadamente víctimas mediante aplicaciones;
- si hubo violencia dirigida contra la identidad o el cuerpo;
- si el crimen forma parte de un patrón.
La sexualidad de la víctima no debe convertirse en explicación automática de su muerte.
¿Existe en México el delito de “crimen de odio”?
No existe una respuesta única para todo el país.
México no cuenta con una legislación penal homogénea en esta materia. De acuerdo con el informe de Letra S, 24 entidades habían incorporado hasta 2025 reformas relacionadas con homicidios motivados por odio, discriminación, orientación sexual, identidad de género o preferencia sexual. Las figuras y sanciones varían de un código penal a otro.
Dependiendo de la entidad y de las circunstancias, un caso puede investigarse como:
- homicidio;
- homicidio calificado;
- feminicidio;
- transfeminicidio;
- lesiones;
- discriminación;
- amenazas;
- violencia familiar;
- desaparición;
- delito sexual;
- otra figura penal con agravantes.
Seis entidades habían incorporado específicamente la figura del transfeminicidio: Nayarit, Ciudad de México, Campeche, Baja California, Baja California Sur y Estado de México.
La denominación jurídica importa, pero no es lo único importante.
Aunque el código local no utilice la expresión “crimen de odio”, la fiscalía debe investigar el contexto y evitar que los prejuicios de sus funcionarios oculten motivos relevantes.
Investigar sin prejuicios
La Suprema Corte de Justicia de la Nación cuenta con un protocolo para juzgar con perspectiva de orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales.
El propósito de esa perspectiva no es asegurar de antemano que el prejuicio existió. Es evitar que estereotipos sobre las personas LGBT+ deformen la investigación, la valoración de pruebas o la decisión judicial.
Algunas ideas preconcebidas que deben evitarse son:
- “Los hombres gays siempre llevan una vida riesgosa”.
- “Las mujeres trans se exponen por su trabajo”.
- “Fue un asunto entre homosexuales”.
- “La familia no sabía, así que no era gay”.
- “Usaba aplicaciones, por eso era peligroso”.
- “Vestía de determinada manera”.
- “Tenía varias parejas”.
- “No parecía una persona vulnerable”.
- “El agresor también era gay, por lo que no puede existir prejuicio”.
Una persona LGBT+ también puede reproducir homofobia o transfobia. La identidad del agresor no descarta automáticamente el móvil.
Lo que las cifras no alcanzan a mostrar
Los informes sobre homicidios representan la forma más extrema de una violencia mucho más amplia.
Antes de una muerte pueden existir:
- burlas;
- amenazas;
- expulsión familiar;
- acoso escolar;
- extorsión;
- chantaje con fotografías;
- agresiones sexuales;
- despido;
- hostigamiento vecinal;
- violencia policial;
- negación de servicios;
- ataques en redes;
- desaparición;
- desplazamiento.
No todas estas conductas se denuncian.
Muchas víctimas temen:
- revelar su orientación o identidad;
- perder el apoyo familiar;
- ser exhibidas públicamente;
- recibir un trato humillante;
- sufrir represalias;
- que la autoridad contacte a familiares;
- que la denuncia no sirva;
- ser culpadas por haber aceptado una cita o encuentro.
El silencio no significa ausencia de daño. A menudo significa que denunciar también parece peligroso.
Qué hacer ante una agresión
Cuando existe peligro inmediato, la prioridad no es reunir pruebas ni discutir con el agresor.
Es salir, buscar un lugar seguro y pedir ayuda.
En México:
- 911 atiende emergencias que requieren respuesta inmediata.
- 089 recibe denuncias anónimas sobre hechos que deben investigarse, pero no sustituye al servicio de emergencia.
Después de una agresión, cuando sea posible:
- Busca atención médica.
- Pide que las lesiones queden registradas.
- Fotografía heridas y daños.
- Guarda ropa, objetos y documentos relacionados.
- Conserva mensajes, perfiles, fotografías, audios y ubicaciones.
- No borres conversaciones de aplicaciones.
- Anota nombres de testigos.
- Escribe una cronología mientras los hechos están recientes.
- Presenta la denuncia ante la fiscalía correspondiente.
- Solicita copia, número de carpeta y datos de la persona que atiende.
No necesitas decidir por tu cuenta qué delito ocurrió. Debes relatar los hechos.
Mencionar el posible prejuicio
Al presentar la denuncia conviene informar claramente cualquier elemento relacionado con orientación sexual, identidad o expresión de género.
Por ejemplo:
- insultos homofóbicos o transfóbicos;
- amenazas anteriores;
- mensajes donde el agresor expresa odio;
- selección de víctimas mediante aplicaciones;
- burlas sobre el cuerpo o la identidad;
- daños dirigidos a genitales, pecho o características sexuales;
- exposición o humillación de la víctima;
- antecedentes de agresiones similares;
- pertenencia del agresor a grupos que promueven odio;
- ataques contra una pareja, establecimiento o activista LGBT+.
Pedir que esos elementos se investiguen no significa exigir una conclusión anticipada.
Significa impedir que desaparezcan de la carpeta.
Derechos de la víctima
La Ley General de Víctimas establece que las autoridades deben presumir la buena fe de quien solicita atención y no pueden criminalizarla ni responsabilizarla por su situación.
También reconoce la obligación de brindar ayuda, atención, protección y acceso a la justicia con un enfoque diferencial, incluida la orientación sexual. Los trámites relacionados con esos derechos deben ser gratuitos.
Una víctima tiene derecho, entre otras cosas, a:
- recibir información clara;
- conocer el avance de su caso;
- solicitar medidas de protección;
- contar con asesoría jurídica;
- recibir atención médica y psicológica;
- proteger su intimidad;
- no ser discriminada;
- buscar reparación integral.
La vida sexual, la identidad o las decisiones personales de la víctima no eliminan estos derechos.
Cuando la autoridad se niega a actuar
Una negativa verbal es difícil de combatir.
Por eso conviene:
- Pedir que la respuesta se entregue por escrito.
- Solicitar nombre y cargo de quien atiende.
- Registrar fecha, hora y lugar.
- Guardar números de folio.
- Pedir hablar con un superior o con el área de derechos humanos.
- Acudir a la comisión ejecutiva de atención a víctimas correspondiente.
- Presentar una queja ante el organismo público de derechos humanos competente.
- Buscar acompañamiento jurídico u organizacional.
CONAPRED puede recibir quejas por presuntos actos discriminatorios atribuidos a particulares o a personas servidoras públicas federales. Su intervención no sustituye la denuncia penal cuando también existe un delito.
Seguridad en aplicaciones y encuentros
No hay una fórmula capaz de impedir toda agresión.
Además, ninguna precaución convierte a la víctima en responsable cuando alguien decide atacarla.
Aun así, en encuentros con personas conocidas mediante aplicaciones puede reducirse parte del riesgo:
- conserva el perfil y la conversación;
- confirma que la persona corresponde con sus fotografías;
- informa a alguien dónde estarás;
- comparte ubicación temporal;
- acuerda una llamada o mensaje de comprobación;
- evita revelar de inmediato domicilio, trabajo o información financiera;
- controla tus bebidas;
- ten una forma propia de salir del lugar;
- no permitas que la vergüenza te impida pedir ayuda;
- bloquea y reporta perfiles que amenacen, extorsionen o insistan después de una negativa.
La intimidad no debe vivirse como una operación policial.
Pero tampoco es necesario entregar toda nuestra información a un desconocido para demostrar confianza.
Hablar de prevención sin culpar
Las recomendaciones de seguridad tienen un límite.
No debe concluirse que alguien fue agredido porque:
- salió de noche;
- invitó a alguien a su casa;
- consumió alcohol;
- mantuvo relaciones sexuales;
- utilizó una aplicación;
- trabajaba en la calle;
- ocultaba su orientación;
- era visible públicamente;
- vestía de cierta manera.
El responsable es quien agrede.
La prevención puede ayudar a tomar decisiones, pero no sustituye la obligación del Estado de garantizar seguridad, investigar y sancionar.
Una cifra menor no es el final de la violencia
Que el registro de 2025 sea inferior al de otros años es una noticia que merece atención.
Puede reflejar una reducción real.
También puede reflejar cambios en la cobertura periodística, ocultamiento de identidades, dificultades de documentación o falta de acceso a las investigaciones.
El propio informe de Letra S señala que su trabajo no pretende sustituir el registro que corresponde a las autoridades. Su función es visibilizar una realidad que los sistemas oficiales todavía no capturan adecuadamente.
La ausencia de estadísticas completas produce un doble daño.
Primero, las personas son asesinadas.
Después, desaparecen también del registro.
No somos un lugar en un ranking
La violencia contra personas LGBT+ en México no necesita una medalla vergonzosa ni un puesto mundial para ser grave.
No sabemos con precisión cuántos homicidios estuvieron motivados por prejuicio.
Sí sabemos que en 2025 se documentaron al menos 60.
Sabemos que las mujeres trans concentraron la mayoría.
Sabemos que muchos hombres gays fueron asesinados dentro de sus propios domicilios.
Sabemos que las fiscalías pocas veces informaron sobre investigaciones con perspectiva de diversidad.
Y sabemos que todavía dependemos de organizaciones civiles para contar aquello que el Estado no registra de manera sistemática.
La pregunta no es si México ocupa el segundo, el quinto o el vigésimo lugar.
La pregunta es:
¿Cuántas personas tienen que morir antes de que cada agresión sea investigada sin prejuicios, cada víctima sea nombrada con dignidad y cada caso forme parte de una estadística pública confiable?
Nota editorial
Este artículo ofrece información general sobre violencia por prejuicio, atención a víctimas y mecanismos de denuncia en México. Las figuras penales y procedimientos varían entre entidades. No sustituye asesoría jurídica individual ni atención de emergencia.


















